LTE son las siglas de «Long Term Evolution». Merece la pena conocer la historia y la visión que hay detrás de ese nombre para comprender por qué no todos los dispositivos LTE son 4G. Conocer los antecedentes de LTE también resulta útil a la hora de elegir la próxima generación de tecnología móvil, desde el 5G hasta el 6G y más allá.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) define los criterios que debe cumplir cada nueva tecnología para poder llevar la etiqueta de 3G, 4G y, en su momento, 5G. En el caso del 4G, los dispositivos y las redes deben ser capaces de ofrecer velocidades de hasta 100 Mbps en entornos de alta movilidad, como cuando los usuarios se encuentran en coches o trenes, y de hasta 1 Gbps en entornos fijos.
Cuando se introdujo el LTE, no cumplía plenamente los criterios de 4G de la UIT. Por ello, en un principio se comercializó como un paso intermedio hacia la verdadera tecnología 4G y todas sus capacidades. Por ejemplo, en la publicidad de los operadores de telefonía móvil se solía hacer referencia a la red y a los dispositivos LTE como «4G LTE», aunque no pudieran cumplir los requisitos mínimos de velocidad de transmisión establecidos por la UIT.
Analiza detenidamente las especificaciones
Aquí es donde entra en juego la parte de «evolución» del nombre de LTE. Con el paso del tiempo, los avances han permitido que las redes y los dispositivos LTE alcancen y superen los parámetros de rendimiento de la 4G. Por ejemplo, LTE Advanced (LTE-A) es capaz de alcanzar velocidades superiores al umbral mínimo de 100 Mbps de LTE.
En algunas regiones, las redes 4G y LTE se implantaron casi simultáneamente, y LTE constituyó la fase inicial de la implantación de la tecnología 4G. En otras, las redes LTE se fueron actualizando con el tiempo para cumplir con los estándares 4G.
Para los fabricantes de equipos originales (OEM), los integradores de sistemas y sus clientes, la conclusión que hay que sacar de todo esto es que hay que centrarse en las especificaciones técnicas más que en los nombres comerciales. Todas estas cuestiones son aplicables a 4G, 5G y, con el tiempo, a 6G:
- ¿Ofrece esa tecnología las velocidades de subida y bajada, la latencia y otras prestaciones que requiere tu aplicación?
- Si es así, ¿los operadores de telefonía móvil de tus mercados objetivo son compatibles con esa tecnología, tanto en cuanto a prestaciones como a cobertura?
- ¿Ofrecen los fabricantes de chipsets y los proveedores de antenas productos que cumplan los requisitos de certificación de los operadores y que funcionen en las bandas para las que tienen licencia?
Si hay algo que tienen en común el 4G, el 5G y el 6G es que cada uno de ellos evoluciona para cumplir las normas de la UIT y, posteriormente, superarlas. Cada mejora en las capacidades aumenta el potencial de mercado de los dispositivos y servicios que utilizan esas capacidades evolutivas.
Tomemos como ejemplo un servicio que ofrece retransmisiones deportivas en directo a decenas de miles de clientes en un área metropolitana. Este caso de uso se beneficiaría de redes compatibles con LTE Broadcast, una tecnología diseñada para ofrecer el mismo contenido a una amplia audiencia de forma simultánea sin sobrecargar las redes. Comprender estas hojas de ruta evolutivas ayuda a garantizar que los dispositivos y servicios se diseñen para sacar partido de ellas.
¿Y ahora qué?
Otra lección clave que nos deja el 4G LTE es que, cada vez que se estrena una nueva generación de telefonía móvil, los fabricantes de dispositivos, los integradores de sistemas y sus clientes se enfrentan a una disyuntiva: la última generación ofrece mayor ancho de banda, menor latencia y otros avances. Y, al tratarse de una tecnología totalmente nueva, también ofrece cierta garantía de futuro, ya que los operadores móviles acaban por retirar sus redes heredadas para liberar espectro para la última generación. La longevidad es una ventaja fundamental para aquellas aplicaciones cuyos dispositivos deben permanecer en servicio durante al menos una década, como los contadores inteligentes de las empresas de servicios públicos.
Pero, por otro lado, la tecnología tradicional ha tenido una década o más para reducir los costes. Esto puede suponer una ventaja importante para aplicaciones muy sensibles al coste, como el IoT. La tecnología tradicional también ha tenido una década o más para ampliar la cobertura, tanto en interiores como en zonas rurales. La cobertura afecta directamente al mercado potencial de un dispositivo, ya que los consumidores, las empresas y las administraciones públicas no comprarán algo que no pueda conectarse de forma fiable estén donde estén.
Todo esto supone muchos aspectos que hay que tener en cuenta, por lo que los fabricantes de dispositivos, los integradores de sistemas y los usuarios finales más avispados recurren a un experto de confianza que pueda ofrecerles información sobre la evolución de los estándares, las estrategias de los operadores y otros factores clave. Para dar el primer paso, ponte en contacto con el equipo de ingeniería de Taoglashaciendo clic en el botón de abajo.